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09/03/2026

“Mentes expertas y manos cariñosas”: así se viven los operativos de alta complejidad en MATER

Constanza Olivares es, desde hace cuatro años, la coordinadora de los operativos quirúrgicos de alta complejidad que realiza la Corporación MATER a lo largo de Chile. Enfermera – Matrona de profesión, habla de su trabajo con convicción y gratitud: “La Corporación me ha permitido desarrollarme no solo en el área profesional, sino también entregar más cuidados a los pacientes. Y eso, para mí, es tremendamente satisfactorio”.

¿Cómo definirías un operativo de alta complejidad de MATER?

Diría que es una actividad donde necesitamos mentes expertas, manos cariñosas y un gran trabajo en equipo para lograr una mejor calidad de vida en los niños y sus familias.

Cuéntanos en qué consisten los operativos de alta complejidad

Los operativos de alta complejidad, que venimos realizando desde 2013, abordan patologías nefrourológicas que requieren cirugías delicadas y, por consiguiente, subespecialistas que tengan el expertise y el manejo adecuando de ellas. Incluyen intervenciones como hipospadias complejas, nefrectomías, obstrucciones pieloureterales y otras alteraciones anatómicas y funcionales tanto de la vejiga como de los riñones.

Se llaman de alta complejidad porque requieren urólogos infantiles altamente especializados y, muchas veces, hospitalización por varios días para observar la evolución y prevenir complicaciones.

A diferencia de los operativos de baja complejidad -donde podemos operar 20 o 25 niños en dos días-, aquí intervenimos entre 6 y 8 pacientes, porque cada cirugía requiere más tiempo, dedicación y seguimiento.

Además, no son solo quirúrgicos. También incluyen atención profesional interdisciplinaria. En lugares como Coyhaique, por ejemplo, con quienes tenemos un convenio de colaboración, trabajamos con cirujana infantil, pediatra y kinesiólga del Hospital. También participa un equipo voluntario compuesto por urólogos infantiles, nefrólogos infantiles, kinesiología pediátrica y yo, que me especializo en manejo de incontinencias pediátricas. Coordinamos exámenes complementarios cuando es necesario y, en algunos casos, utilizamos nuestro Centro de Diagnóstico y la Casa de Acogida para acompañar a los pacientes.

El trabajo comienza al menos un mes antes. Revisamos los casos clínicos junto al equipo local, evaluamos exámenes, sugerimos estudios adicionales si es necesario y definimos la mejor conducta quirúrgica o terapéutica. No es solo coordinar voluntarios: es evaluar técnicamente, planificar en detalle y luego hacer el seguimiento posterior.

¿Qué tipos de patologías se atienden?

Las agrupamos en tres grandes categorías: genitales, vesicales y renales.

En las genitales vemos alteraciones como hipospadias o epispadias.
En las vesicales abordamos vejiga neurogénica y otras patologías que afectan la continencia, incluyendo cirugías como el Mitrofanoff o ampliaciones vesicales.
Y en las renales tratamos alteraciones anatómicas y funcionales del riñón y los uréteres, como obstrucciones o malformaciones, por ejemplo el riñón en herradura.

¿Cuál es tu rol en estos operativos?

Mi rol es liderar y gestionar cada operativo. Trabajamos con la figura del “médico piloto”, que es quien lidera el proceso a nivel local y toma contacto con nosotros.

Coordino la revisión de casos clínicos, hago seguimiento de exámenes pendientes, levanto necesidades del equipo local y gestiono fechas, pabellones, alojamiento y traslado del equipo voluntario. También articulamos la participación de urólogos infantiles, nefrólogos infantiles y otros profesionales cuando es necesario.

Pero más allá de lo logístico, siempre tenemos un objetivo claro: que el paciente pueda ser atendido en su propia región y no tenga que trasladarse lejos de su hogar, con todo el estrés que eso implica para la familia.

¿Cómo se elige la región donde se realizan los operativos?

Generalmente el contacto nace desde el equipo médico local, ya sea por vínculos personales o a través de la página web. Nos presentan los pacientes que requieren cirugía de alta complejidad y los casos son evaluados por nuestro director médico, el doctor Escala, quien analiza la factibilidad técnica antes de avanzar.

¿Qué desafíos logísticos enfrentan?

Los recursos siempre son limitados para atender la demanda. A diferencia de los operativos de baja complejidad, cuyos gastos a veces son cubiertos total o parcialmente por los servicios de salud, en los de alta complejidad los costos son asumidos completamente por la Corporación.

Contamos con el apoyo de la aerolínea Sky y el Aeródromo de Vitacura para la mayoría de los traslados, pero la coordinación de viajes, equipos y tiempos siempre presenta desafíos.

Eso sí, el equipo voluntario es muy comprometido. Somos todos muy “aperrados”, nos adaptamos y buscamos soluciones para que el operativo salga adelante. Yo lo veo como oportunidades de resiliencia.

¿Cómo describirías a los equipos que participan?

Son profesionales profundamente comprometidos. Los nefrólogos y urólogos infantiles no solo se preocupan de la cirugía, sino también del contexto familiar. Saben que muchas veces son pacientes que han esperado años sin acceso a un especialista.

Lo que los mueve no es solo llevar a cabo la cirugía, sino mejorar la vida del niño y su familia.

Además, comparten con MATER el propósito de fortalecer la salud renal y urológica de los niños. Y el ambiente de trabajo es muy colaborativo y cálido. Aunque estamos abordando situaciones complejas, somos capaces de trabajar con ánimo, cercanía y mucha humanidad.

¿Qué significa para una familia acceder a una cirugía de alta complejidad en su región?

Es un alivio enorme. Poder hospitalizarse sin viajar a Santiago cambia completamente la experiencia. Permite que la familia mantenga su rutina, que los padres puedan turnarse, que otros hijos no queden desatendidos.

Reduce muchísimo el estrés.

Hay niños que requieren más de una cirugía y vamos creciendo con ellos. Verlos evolucionar, ir al colegio tranquilos, hacer su vida normal, es algo muy significativo.

¿Y para ti, en lo personal, qué significa gestionar estos operativos?

Me produce una alegría profunda. En el área de incontinencia pediátrica, por ejemplo, cuando un niño al que hemos tratado logra mantenerse seco, jugar tranquilo, ir a un cumpleaños sin miedo, me siento realmente satisfecha.

Trabajar con niños siempre ha sido importante para mí, es como estar en otro planeta. Y en MATER he podido desarrollar lo que está en el centro de la enfermería: el cuidado. No solo desde lo clínico, sino desde el acompañamiento y la acogida del niño y su familia.

Verlos vivir con normalidad es lo que me llena el corazón.

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