La Dra. Francisca Yankovic es cirujana y uróloga pediátrica, formada en la Universidad de Chile y subespecializada en el Great Ormond Street Hospital de Londres. Profesora asociada de la Universidad de Chile, directora del programa de formación en Urología Pediátrica y past president de la Sociedad Chilena de Cirugía Pediátrica, conoce de cerca los desafíos que enfrentan los niños con enfermedades urológicas complejas. Desde hace casi una década participa como voluntaria de Corporación MATER, una experiencia que le ha confirmado que acercar el acceso a la salud puede cambiar una vida.

¿Cómo comenzó tu vínculo con Corporación MATER?
Conocí MATER cuando regresé de mi formación en Inglaterra y me incorporé al Hospital Dr. Exequiel González Cortés. Desde entonces he visto cómo la Corporación ha estado presente de manera constante, primero apoyando el diagnóstico y, más adelante, impulsando operativos quirúrgicos y fortaleciendo nuestro trabajo diario.
Hoy ese apoyo es parte de nuestro funcionamiento. Gracias al personal de pabellón financiado por MATER hemos podido mantener una actividad quirúrgica estable y reducir significativamente nuestras listas de espera. Además, recientemente la Corporación hizo posible la incorporación de una enfermera coordinadora para nuestro policlínico interdisciplinario de vejiga neurogénica, algo que ha significado un enorme beneficio para los pacientes y sus familias.
¿Qué te motivó a convertirte en voluntaria?
Me di cuenta de que MATER representa una ayuda directa, concreta y muy eficiente para los pacientes. Muchas veces los niños necesitan soluciones rápidas y el sistema público, por su propia estructura, no siempre tiene la flexibilidad para responder con esa rapidez. MATER permite desarrollar proyectos que tienen un impacto inmediato en la vida de los niños y, al mismo tiempo, nos da la oportunidad de aportar desde nuestro trabajo a quienes más lo necesitan.
Llevas unos ocho años participando en los operativos de MATER. ¿Qué hace que esta experiencia siga siendo tan significativa para ti?
Los operativos tienen algo muy especial porque generan un círculo virtuoso. Lo primero es, por supuesto, que permiten resolver el problema de salud de niños que muchas veces llevaban meses o incluso años esperando una cirugía y que tienen acceso a especialistas de primer nivel.
Además, cada operativo es una oportunidad para trabajar junto a los equipos locales, compartir conocimientos y fortalecer sus capacidades para que puedan seguir acompañando a esos pacientes. Esa transferencia de experiencia es muy valiosa.
Y hay un componente humano muy bonito. Compartir varios días con otros especialistas, viajar juntos y trabajar por un mismo propósito crea vínculos muy fuertes: uno se siente útil porque está realizando un bien a la comunidad. Y vuelves con la sensación de haber aportado realmente a una familia.

Has trabajado en el sistema público, el privado y te formaste en Inglaterra. ¿Qué aprendizajes te han dejado esas experiencias?
Mi principal aprendizaje es que el gran desafío está en el acceso de los pacientes a los especialistas. En el sistema público hay profesionales muy comprometidos y con la experiencia necesaria para resolver casos complejos, pero muchas veces las familias encuentran dificultades para llegar oportunamente a ellos.
Cuando eso ocurre, también se retrasan los diagnósticos y los tratamientos, especialmente en enfermedades congénitas donde el tiempo puede marcar una diferencia importante en la calidad de vida de los niños.
Mi experiencia en Inglaterra me mostró además el valor de contar con redes de derivación mucho más organizadas para las patologías muy complejas y poco frecuentes. Son enfermedades que requieren equipos altamente especializados y sistemas suficientemente flexibles para que cada niño llegue al lugar adecuado en el momento adecuado. Ese es uno de los desafíos que todavía tenemos en Chile.
¿Dónde crees que MATER puede generar un mayor impacto en los próximos años?
Precisamente ayudando a reducir esa brecha de acceso. Hay niños con patologías muy complejas que requieren atención altamente especializada y que muchas veces encuentran dificultades para llegar al lugar adecuado. MATER puede seguir contribuyendo a acortar esos tiempos y facilitar que las familias encuentren el apoyo que necesitan.
¿Y cómo ves a MATER dentro de diez años?
Sueño con que MATER pueda convertirse en un referente nacional para la urología pediátrica compleja. Un lugar donde las familias sepan que pueden acudir cuando enfrentan una enfermedad poco frecuente y desde donde se coordine la atención de estos pacientes en todo Chile.
Hoy contamos con herramientas como la telemedicina y una conectividad mucho mayor. Eso abre la posibilidad de llegar a cualquier rincón del país, identificar oportunamente estos casos y orientar a las familias hacia los equipos más adecuados.
¿Qué le dirías a un médico que está pensando en sumarse como voluntario de MATER?
Le diría: súmate porque es una forma muy concreta de ayudar a quienes más lo necesitan y construir un sistema más equitativo para los niños.
Para terminar, ¿qué mensaje te gustaría dejar a la comunidad de MATER?
Me gustaría, sobre todo, agradecer a las personas que han liderado la Corporación, especialmente al Dr. Escala. Iniciativas como esta nacen gracias al impulso y la visión de personas concretas, y el gran desafío es cómo darles continuidad para que sigan creciendo.
También quisiera rendir un homenaje a los padres de la urología pediátrica en Chile, que hicieron una enorme contribución al desarrollo de la especialidad y a la formación rigurosa de generaciones de urólogos pediátricos. Hoy me toca asumir parte de esa responsabilidad, y creo que nunca debemos perder de vista cuál es el propósito que dio origen a este trabajo: mejorar la salud urológica y la calidad de vida de los niños, tanto del sistema público como del privado.