Operativos
05/02/2026

Doctora Virginia Montecinos: “Es solo un día, pero el impacto es enorme”

La doctora anestesióloga Virginia Montecinos acaba de cumplir diez operativos como voluntaria en Corporación Mater. Un número que habla de constancia, pero sobre todo de convicción. Conversamos con ella para conocer qué la motivó a sumarse, qué ha aprendido en el camino y por qué -a su juicio- el voluntariado no solo transforma la vida de los niños y sus familias, sino también la de quienes participan en él.

¿Recuerdas cómo fue tu primer operativo con Corporación Mater?

Sí, me acuerdo perfecto. El año pasado empecé a colaborar con la Corporación Mater a través de la Sociedad de Anestesiología, que pidió voluntarios. El primer operativo fue en Rancagua y yo no conocía a nadie. Fue una súper buena experiencia, me gustó mucho el ambiente que se genera entre todos los voluntarios. Es un trabajo muy estándar para un anestesista pediátrico y pudimos hacer un servicio muy adecuado, así que quedé muy conforme con todo.

Un rol clave lo tuvo la enfermera Antonia Heusser, que es extraordinaria. Nos llevamos muy bien y quedamos en contacto; ella me fue avisando de los operativos siguientes, y así me fui sumando una y otra vez.

¿Qué te llevó a sumarte como voluntaria?

Cuando uno es médico especialista es muy común ir olvidando la razón por la que estudió medicina. Con el tiempo, la rutina te va absorbiendo: trabajas sin parar, la “máquina” te come, y en Santiago la mayoría de los especialistas termina trabajando en clínicas privadas, lejos del sistema público. Sin darte cuenta, vas perdiendo un poco el norte.

Estos operativos, al menos para mí, significan volver al origen, a la causa por la que estudié medicina: ayudar y servir. Además, el aporte que uno hace es muy pequeño en términos personales -es solo un día de trabajo-, pero el impacto es enorme para los niños, que muchas veces llevan esperando hasta dos años por una cirugía.

Eso fue lo que me movió al comienzo. Y después apareció algo más: el ambiente humano que se genera en torno a esta causa, que es muy potente y muy motivador.

En resumen, el objetivo de reducir las listas de espera te vuelve a conectar con el sentido de la profesión. Y además, hacerlo es muy gratificante en términos humanos.

Cuando hablas de volver a la motivación original de estudiar Medicina, ¿a qué te refieres?

Uno entra a estudiar medicina por varias razones: porque te ha ido bien en la prueba, porque eres una buena estudiante y porque tienes vocación de servicio. Eso es transversal a todos los trabajadores de la salud, no solo a los médicos. Pero con los años, el sistema te va arrastrando y terminas trabajando sin detenerte a pensar por qué haces lo que haces.

Yo he conversado de esto con el doctor Escala y él mismo me dice: si todos donáramos un día de trabajo al mes, terminaríamos con las listas de espera. Y es cierto porque yo voy a un operativo cada 45 días y el aporte que hago es mucho más grande que el esfuerzo que me puede suponer.

En estos 10 operativos, ¿qué te ha sostenido en el tiempo para seguir participando?

Principalmente el ambiente y la organización. Hay un cuidado real por el equipo profesional: se preocupan de que uno pueda ir, de que esté cómodo, de que los gastos estén cubiertos, de que todo funcione bien. Eso se agradece mucho.

También está el vínculo humano. Antonia, por ejemplo, ha sido clave para mí; le tengo mucho cariño y confianza. Y cuando ves que otros colegas -amigas y conocidos- se suman y sienten lo mismo, te das cuenta de que la experiencia es transversalmente gratificante. Todos volvemos con la sensación de haber hecho algo que valió la pena.

¿Qué es lo más desafiante del trabajo voluntario en terreno, tanto a nivel profesional como personal?

Sin duda, adaptarse. Vamos a hospitales que no conocemos, con realidades muy distintas, donde a veces no están todos los recursos que uno tiene en Santiago. Como voluntario, tienes que adecuarte a la normativa local, a los equipos, a los implementos disponibles y resolver con lo que hay.

Además, no siempre los operativos son solicitados directamente por los hospitales; a veces vienen desde los servicios de salud, y eso puede generar cierta distancia inicial. Hay lugares donde la recepción es distinta. Pero nunca hemos tenido problemas graves. Siempre logramos adaptarnos, entendiendo que lo importante es el objetivo común. Como dice el dicho: donde fueres, haz lo que vieres.

¿Hay algún caso, encuentro o historia que te haya marcado especialmente y que represente el sentido de estos 10 operativos?

Lo que más me impacta, una y otra vez, es ver niños que llevan dos años esperando por una cirugía que es urgente. Dos años. Eso habla de falta de capacidad, de pabellones, de especialistas, de recursos. En regiones, muchas veces simplemente no hay especialistas.

Ahí te das cuenta de algo muy fuerte: lo que vivimos en Santiago no es la realidad del país. Hay niños que esperan tanto tiempo que, cuando finalmente llegan al operativo, la patología ya se resolvió sola porque crecieron. Y eso también es una señal de todo lo que no está funcionando como debería.

Mirando hacia atrás, ¿qué te ha enseñado este voluntariado?

Primero, algo que parece obvio pero que se nos olvida: Santiago no es Chile. Segundo, que la buena voluntad existe, pero hay que ejercitarla. A muchos médicos -y me incluyo- nos gana la rutina y no nos damos el tiempo de parar, aunque sea un día cada cierto tiempo, para participar en algo como esto.

He conocido voluntarios extraordinarios, como la doctora Cavallieri, una profesora y maestra de anestesia, con una trayectoria enorme, que participa tres o cuatro veces al año. Ella siempre dice: “cada cierto tiempo hay que venir al voluntariado”. Y tiene razón. En cambio, veo a pocos médicos jóvenes sumándose, y creo que ahí hay un desafío.

Para mí hay un antes y un después. Este año de voluntariado me marcó mucho y pienso seguir. No me cuesta nada, de verdad. A veces implica quedarse a pasar la noche, otras veces puedo volver a mi casa el mismo día. Pero el impacto es tan grande, y el sentido tan claro, que todo lo demás pasa a segundo plano.

¿Qué le dirías a otros profesionales de la salud que están pensando en sumarse como voluntarios, pero aún no se deciden?

Que no tengan miedo. Muchas veces lo desconocido paraliza. Como médicos, tenemos que recordar que nuestra función principal es estar al servicio de las personas, especialmente de quienes viven fuera de Santiago, donde la escasez de especialistas es dramática.

Hay regiones donde hay un solo cirujano infantil, por ejemplo. Si cada uno de nosotros dedicara un día cada cierto tiempo a atender a estos niños, los resultados serían completamente distintos. No tendríamos listas de espera como las que existen hoy.

¿Algún mensaje que quisieras agregar?

Solo agradecer a Corporación Mater por darme esta oportunidad. Es una experiencia profundamente gratificante. Honestamente, siento que recibo más de lo que doy. En cada operativo lo paso bien, vuelvo con el corazón lleno y con mucha energía. Es increíble todo lo que se puede lograr haciendo, aparentemente, tan poco.

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