Este año, MATER ha podido atender a más niños en distintos lugares de Chile, gracias a la adjudicación del Fondo Alegría.
Conversamos con Rocío Espinoza, directora ejecutiva de Fundación Alegría, para conocer más sobre la labor de la fundación y la alianza que hoy la une con Corporación MATER en un propósito común: brindar a los niños una atención de salud oportuna y de calidad.
Fundación Alegría ha puesto el foco en aliviar el dolor físico infantil y acompañar a niños que atraviesan enfermedades complejas. ¿Cómo llegaron a esa causa y qué encontraron en ella que los hizo comprometerse?
En filantropía, tener foco es fundamental. Las necesidades sociales son infinitas y ninguna organización puede abordarlas todas. Para lograr avances reales hay que decidir dónde concentrar los esfuerzos y los recursos. Nosotros elegimos una intersección que consideramos prioritaria: salud, niños y dolor.
En ese camino descubrimos algo que nos movilizó: existen muchas organizaciones, profesionales y equipos trabajando para aliviar ese dolor, pero necesitan recursos, capacidades y oportunidades para hacerlo a mayor escala.
Ahí está nuestro rol. Fundación Alegría no busca hacerlo todo, sino conectar recursos con iniciativas capaces de generar un impacto real, para que esas soluciones lleguen a más niños.
¿Cómo se produjo el encuentro con Corporación MATER y qué vieron en su trabajo que los llevó a querer sumarse?
Conocimos a MATER como uno de los ganadores del Fondo Alegría 2026. Vimos en su trabajo una gran capacidad para abordar, gestionar y resolver problemas de salud concretos que afectan directamente la vida de los niños.
Su trabajo conecta directamente con nuestro propósito. Una cirugía puede significar mucho más que resolver un problema médico: puede significar que un niño deje de sentir dolor y pueda volver a caminar, jugar, ir al colegio o simplemente hacer lo que para otros niños es parte de la vida cotidiana.

Fundación Alegría está impulsando además un trabajo relacionado con las listas de espera infantiles a nivel nacional. ¿Cómo nació esa inquietud, en qué consiste la iniciativa y qué cambio esperan ayudar a generar?
Esta inquietud nace de una convicción: si queremos hablar seriamente de alivio del dolor infantil con una mirada país, no podemos ser indiferentes frente a los niños que están esperando atención.
Queremos contribuir a visibilizar esta realidad y, sobre todo, a generar información que permita entender dónde están las necesidades y cómo movilizar recursos y capacidades para abordarlas.
No buscamos reemplazar el rol del Estado ni el de los equipos de salud. Nuestro aporte es desde la sociedad civil: conectar organizaciones, recursos, conocimiento y capacidades para impulsar soluciones.
Y hay algo que para mí es fundamental: una lista de espera no puede ser solamente una cifra. Detrás de cada espera hay un niño que está creciendo, una familia que espera con él y un dolor que no debería prolongarse innecesariamente. Eso es lo que queremos ayudar a cambiar.
El Fondo Alegría apoya proyectos con impacto concreto en la calidad de vida de niños y adolescentes que enfrentan enfermedades, dolor o tratamientos complejos. Este trabajo se complementa con Conecta Alegría, nuestro programa para fortalecer las capacidades de los equipos de salud en Chile, conectándolos con los avances, el conocimiento y la experiencia que existen en otros lugares del mundo. En este ámbito contamos con una alianza muy relevante con Boston Children’s Hospital, que abre oportunidades de formación y observerships para profesionales de la salud chilenos.
Cuando hablamos de apoyar un operativo puede sonar algo abstracto. En la práctica, ¿qué permite hacer el aporte de Fundación Alegría y cómo contribuye a que más niños puedan acceder a una cirugía?
Detrás de un operativo hay mucho más que una cirugía. Hay equipos médicos, traslados, insumos, coordinación, infraestructura y muchas personas trabajando para que un niño pueda, por fin, ser atendido.
Nuestro aporte ayuda a hacer posible esa cadena. Y lo más importante: permite transformar un recurso en algo muy concreto, que un niño que estaba esperando acceda a una solución capaz de cambiar su vida.
Desde la experiencia que ustedes han conocido, ¿qué cambia en la vida de una familia cuando finalmente llega esa cirugía?
Cambia muchísimo, y lo hemos visto de cerca, porque hemos sido parte de estos operativos médicos.
Primero está, por supuesto, el alivio físico del niño. Pero también hay un alivio emocional muy grande para toda la familia. Muchas familias viven durante meses con incertidumbre, dolor y restricciones en su vida cotidiana. Cuando finalmente llega una cirugía que estaban esperando, aparece algo que para nosotros es muy importante: la posibilidad de volver a mirar hacia adelante.
Un niño puede volver al colegio, jugar con sus amigos, hacer deporte o simplemente dejar de pensar todo el tiempo en su dolor. La familia recupera su autonomía y, además, disminuye el gasto de bolsillo en medicamentos, que muchas veces afecta profundamente su economía.
Si tuvieras que contarle a alguien qué es Fundación Alegría desde un lugar más personal, ¿cómo la describirías y qué es lo que mueve tu trabajo?
Fundación Alegría tiene para mí un componente muy personal. Soy mamá de tres hijos, y es imposible no conmoverse al conocer la realidad de tantos niños y familias que viven día a día con dolor, con enfermedades complejas y con situaciones que muchas veces les impiden vivir su infancia como quisieran.
Cuando uno tiene hijos, inevitablemente se pone en el lugar de esas familias y se pregunta: ¿y si fuera mi hijo? Esa pregunta es la que mueve nuestro trabajo cada día.
Para mí, aliviar el dolor es devolverles a los niños la posibilidad de vivir su infancia y volver a sonreír.