El doctor José Manuel Escala es el fundador y presidente de Corporación Mater. Cuando la organización cumple 30 años de trayectoria, revisamos con él sus orígenes, sus principales logros y la necesidad de dar continuidad a este trabajo, en una conversación donde también reconoce y agradece a quienes han sido parte fundamental de este camino.
¿Qué le llevó a crear Mater?
Tengo una inquietud social desde siempre. Viene de mi formación, de mi vida familiar, de experiencias que fui teniendo desde joven. Siempre sentí que el servicio era parte importante de la vida, y que uno es más feliz cuando da que cuando recibe.
Quise estudiar medicina desde muy niño porque es una forma concreta de ayudar. Y con el tiempo, esa idea fue tomando forma. Incluso recuerdo que, en distintos momentos de la vida, en un viaje o mientras trabajaba, pensaba que en algún minuto iba a crear una fundación.
En Londres, por ejemplo, veía cómo las personas se movilizaban para recaudar fondos para causas específicas. En un hospital tenían una especie de termómetro que mostraba cuánto faltaba para comprar un equipo. Cada uno hacía algo para aportar. Eso me marcó.
Y después, en Chile, trabajando en el Hospital Exequiel González Cortés, vi una realidad que me impactó: pacientes que esperaban meses para acceder a un examen clave, mientras que en una clínica eso se resolvía en unos pocos días. En ese momento vi claramente que había un problema concreto y me sentí llamado a aportar con mi grano de arena.
Si tuviera que explicarle a alguien en una frase por qué existe Mater, ¿qué diría?
Mater existe porque hay una necesidad. Porque todos deberían tener acceso a una atención de calidad y oportuna y, en muchos casos por diversos motivos, eso no ocurre.
No vamos a resolver todo, pero sí podemos aportar para que los niños lleguen a tiempo. En medicina, el diagnóstico oportuno es clave. Si llegas tarde, muchas veces el daño ya está hecho.
La idea es emparejar la cancha
¿Cómo fueron los primeros pasos de la Corporación? ¿Qué fue lo más difícil en esos inicios?
Cuando tomé la decisión, llamé a un grupo de amigos y familiares y todos dijeron que sí. Partimos con eso. Con muy pocos recursos, pero con convicción.
Hicimos un bingo, remates, distintas actividades para conseguir fondos. Mi señora, Soledad, fue clave en esa etapa con su entrega y persistencia. Poco a poco fuimos viendo que había interés y la gente empatizaba con los niños y que esto podía crecer.
Lo más difícil fue conseguir financiamiento. Hice cientos de llamados. Muchos no resultaban, pero cada vez que alguien decía que sí, sentíamos una energía nueva para seguir.
Con el tiempo logramos construir un policlínico dentro del hospital, comprar equipamiento y más adelante levantar el Centro de Diagnóstico. Eso tomó años.
¿Quiénes fueron clave en ese inicio?
Hubo muchos voluntarios. Radiólogos que iban sin cobrar, personas que apoyaban en gestión, en administración. Mi familia también fue muy importante. Los amigos y conocidos que aportaban recursos fueron clave también. A todos ellos les guardo una profunda gratitud.
Después fuimos profesionalizando la operación, pero al inicio todo ocurrió gracias al compromiso de un grupo de personas sensibles y generosas.
De todo lo que ha hecho Mater, ¿qué logro lo emociona más cuando lo recuerda?
Soy cirujano, y para mí hay algo muy profundo cuando podemos hacer aquello que sabemos hacer y ponerlo al servicio de otros. Ver a un paciente salir bien de pabellón es algo que siempre emociona genuinamente.
No es un logro específico. Es más bien una sensación. Me gusta cuando el centro está lleno, cuando hay pacientes, cuando ves que lo que estás haciendo tiene sentido.
Y en los operativos, ver a las familias agradecidas también es muy impactante y reconforta porque le da sentido a estos treinta años de tenacidad, a veces contra corriente.
¿Cómo describiría hoy la situación de la salud pediátrica urológica en Chile?
Todavía hay una desigualdad importante en el acceso. Depende mucho de la región y del contexto.
Hay patologías que, con un diagnóstico oportuno, se pueden tratar de manera simple. Pero cuando eso no ocurre, se pueden transformar en problemas complejos, crónicos y mucho más costosos.
Por eso es tan importante fortalecer la atención primaria y secundaria, para que se puedan detectar a tiempo los casos más críticos y derivar adecuadamente. No todo tiene que llegar al especialista de inmediato, pero sí hay que saber identificar los casos que requieren atención urgente.
¿Qué rol han tenido las empresas en la historia de Mater?
Las empresas han sido fundamentales. Esto no se sostiene sin recursos.
Hemos sido más bien discretos al comunicar lo que hacemos, porque hemos privilegiado el trabajo por sobre la visibilidad. Pero cuando las empresas conocen nuestros resultados -los niños atendidos, las cirugías realizadas, los tiempos que logramos acortar- responden con mucho compromiso. Hay una sensibilidad genuina en el mundo privado, especialmente cuando se trata de la salud de los niños.
Su aporte hace posible que este trabajo exista, crezca y llegue a más pacientes. En ese sentido, su rol es fundamental.
¿Qué le diría a una empresa que está evaluando apoyar una causa como esta?
Les diría que en salud hay un impacto muy directo. En estos casos, además, el aporte tiene un efecto concreto: permite intervenir a tiempo. Y eso cambia completamente el curso de la vida de un niño.
Desde el punto de vista económico también es evidente. Tratar una patología a tiempo evita costos mucho mayores en el futuro. Pero más allá de eso, está el valor humano.
No hay que esperar tener un hijo enfermo para entenderlo
Este año Mater cumple 30 años. ¿Qué significa llegar a este aniversario?
Es una mezcla de satisfacción y responsabilidad.
Uno mira hacia atrás y ve lo que se ha construido, pero también lo que falta. Esto ha requerido mucho esfuerzo, mucha perseverancia.
También es importante que Mater continúe atendiendo a los niños que lo necesitan y que ello no dependa de una sola persona.
Después de todos estos años, ¿qué elementos han sido determinantes para sostener Mater?
La perseverancia, sin duda. Y también la amistad, la confianza y la solidaridad. Esto se construye entre todos.